Ser maestro es una tarea sumamente difícil que requiere de mucho esfuerzo y dedicación. Hacerlo durante una crisis sanitaria resulta doblemente admirable.

Desde que se iniciaron las clases virtuales, miles de docentes han tenido que idear múltiples formas de enseñar a sus alumnos. Esta tarea en la zonas rurales es aún más complicada debido al poco acceso a Internet y a los equipos tecnológicos.

No obstante, para Miriam Cabezas Flores esto no es así. Según precisa es una tarea “difícil pero no imposible”. A ella no le importa caminar durante horas para lograr que sus 16 alumnos de primer grado de la institución educativa 55006-11 Santiago Pata, en Apurímac, aprendan a leer y escribir.

“Los niños que tengo a mi cargo son nuevos en la institución. Para mí era muy difícil comunicarme con alguien que ni siquiera conocía o nunca lo había visto. Entonces lo que hice fue ir a buscarlos a sus casas y allí conocí las carencias de cada uno de ellos”, mencionó en diálogo para La República.