El coronavirus sigue castigando a India con una crudeza sin precedentes y más de 4 000 personas murieron en las últimas 24 horas, en un momento en que el debate sobre la liberación de las patentes cobra fuerza en el mundo y ganó un nuevo defensor: el papa Francisco.

La virulencia de la pandemia ha doblegado al frágil sistema sanitario indio, un país de 1 300 millones de habitantes que contabilizó este sábado 4 187 muertes, según datos oficiales.

Personas contagiadas de coronavirus continúan muriendo a las puertas de los hospitales colapsados, pese a la ayuda internacional. Y lo peor aún no ha llegado, dicen especialistas, que esperan un pico a fines de mayo.

El gigante asiático acumula ya 238 270 muertes y 21,9 millones de casos, cifras que suben de forma acelerada y esta semana elevaron los contagios en Asia, mientras en prácticamente el resto del mundo las infecciones y muertes parecen más controladas.